José María Rodríguez Álvarez (Blimea, 1980)
José María Rodríguez Álvarez lleva años vistiendo el uniforme de la Guardia Civil, pero la agresión que sufrió durante un servicio en un festival marcó un antes y un después, tanto a nivel personal como profesional. Entre la falta de medios, la escasez de personal y la sensación de sentirse abandonado por sus superiores, José María encontró en JUCIL el respaldo jurídico que necesitaba para afrontar las consecuencias de aquel día, hasta conseguir una indemnización de 18.000 euros. Su testimonio es el reflejo de una realidad que muchos agentes conocen bien.
- José María, como guardia civil de Seguridad Ciudadana, ¿puedes contarnos qué ocurrió aquel día en el cajero y en qué momento te diste cuenta de que la situación se estaba complicando?
En ese tipo de festivales, cualquier momento se puede descontrolar; las drogas, el alcohol, etc., hacen que las personas se vuelvan inestables. Aquel día puede que se juntase todo: trabajar con compañeros que no conoces, no sabes cómo actúan, no tienes el feeling del día a día, y al final todo se complica, actúas esperando una respuesta que no es como esperas. Pero bueno, ya pasó y, por suerte, seguimos aquí.
- Después de tantos años enfrentándote a situaciones de riesgo en tu día a día como agente, ¿qué tuvo de diferente esta agresión a nivel personal y profesional?
A nivel personal, sufres por la familia, por que te vean en esa situación, por sufrir algo que no puedes controlar, que te deja indefenso; es una situación complicada. A nivel profesional, pues una más de las que te enfrentas en numerosas ocasiones: poca gente, sin experiencia, mal equipados y sin coordinación de nada, cada uno a su aire. Pero ya estamos acostumbrados, que es lo peor.
- Ante el déficit de personal y una profesión de riesgo, ¿crees que medios materiales como las pistolas taser o las cámaras unipersonales son necesarios para reforzar la seguridad de los agentes?
En todas las profesiones se piden mejoras, sobre todo económicas y laborales: cobrar más, trabajar menos. Aquí lo gracioso es que pedimos mejores medios para poder trabajar con seguridad, y para los políticos somos meros números.
Y lo peor, que para nuestros jefes somos «la gente esa que protesta», inexistentes, desaparecidos que no los ves salir de sus oficinas, y no ven las carencias que tenemos: pistolas taser, cámaras, chalecos más cómodos, cosas necesarias que desde una oficina no se ven. Es así de triste.
- ¿Qué papel jugaron los servicios jurídicos de JUCIL en todo este proceso, desde que decidiste dar el paso hasta conseguir los 18.000 euros de indemnización, y qué es lo que más destacarías de ese acompañamiento?
En todo momento me prestaron todo el apoyo e información que necesitaba, un servicio que estuvo desde el principio hasta el final, manteniéndome informado de todos los pasos que se iban dando.
- Para un compañero que todavía dude si dar el paso ante una situación similar, ¿qué le dirías sobre la importancia de contar con el respaldo de JUCIL?
Tal y como estamos actualmente en el trabajo y en la sociedad, en la mínima actuación complicada o dudosa que tengamos, tener una asociación detrás que nos pueda aconsejar o tranquilizar en situaciones similares a la que me pasó a mí es todo un apoyo, y no dudaría en aconsejar a cualquier compañero.



